Ensayo sobre
neurociencia
Dr. Humberto Molina Abecia[1]
Arte
El arte es el
afán humano por imitar, complementar, alterar u oponerse a la acción de
la naturaleza.
Lo que la gente encuentra bello no es algo arbitrario o secundario, sino
el resultado de millones de años de evolución de las capacidades
sensitivas, perceptivas, motoras y cognitivas de los humanos.
No cabe duda que los aspectos esenciales del arte son exclusivos de
los humanos. Mis perritos no escriben poesía, ni los chimpancés forman
cuartetos de música. Componer música y aprender a tocar instrumentos musicales
es una función exclusiva de los humanos. Los pájaros y las ballenas sólo cantan
para defender su territorio y para aparearse, la única función de estos sonidos
es la comunicación.
Esto hace conjeturar que la instrucción de una persona en el arte en
general mejora el lenguaje, la atención, las habilidades visuoespaciales, las
capacidades aritméticas, en definitiva, que es una importante gimnasia
cerebral.
Para que apareciera el arte fue necesario que se desarrollara y creciera
nuestro cerebro; al mismo tiempo el arte ayudó a dicho desarrollo y
crecimiento. Fue una contribución de doble vía. Esto significa que el arte no
sólo es un adorno, es el condimento y la materia de la vida. Da sentido a la
existencia humana, más arriba o más lejos (en otra parte) de aquellas emociones
básicas que nos mantienen vivos. Da a las cosas significados y
connotaciones que van más allá del mundo real.
Nuestra capacidad imaginativa hizo que un humano, hace 16.000 años,
mirase una cueva vacía en Altamira y decidiese pintar bisontes, jabalíes,
caballos en rojo, negro, violeta, y que otro explicase la historia de la odisea
de Ulises...
Esta conducta se debió a un cambio en la corteza prefrontal. Desconocemos
lo que causó este cambio en el cerebro: ¿fue el resultado de una mutación
genética o se trató de un proceso evolutivo más gradual? En realidad, ésta es
una polémica aleatoria, secundaria. Lo importante es que el cerebro ha puesto y
pone el óvulo y el espermatozoide: es decir la vida en la creación del arte.
Arte y ciencia
Desde siempre el arte ha escapado a la mirada de las ciencias. Ha
seguido un camino paralelo, se ha rodeado de un aura misteriosa, cubierto
detrás del espíritu humano, la religión, las ceremonias, ha tratado de
ocultarse. Existen raras excepciones de artistas científicos, como Leonardo da
Vinci, que estudió la anatomía humana para perfeccionar su arte, logrando la
confluencia de los dos caminos en uno sólo. Pocos como él han roto la
desconfianza y el miedo entre un universo y el otro.
Sin embargo una parte del arte es placer (emoción) y otra parte del arte
es conocimiento. Sin la secuencia cerebral que produce conocimiento y
placer, nunca podría surgir el arte y la belleza.
Está demostrado que cuando escuchamos u observamos algo que nos gusta,
el cuerpo libera sus propios opiáceos, produciendo un efecto natural de
euforia. Mejoran el humor, la inventiva, las relaciones interpersonales.
Creo que la artificial división entre arte y ciencia implica ignorar los
conocimientos actuales sobre cómo funciona el cerebro, como construye la
realidad y también el avance de tecnología, pues la resonancia magnética
funcional (RMF) nos ha dado nuevas pistas sobre lo que pasa en el cerebro en
los momentos de creación y apreciación artísticas.
Los neurocientíficos de vanguardia creen que no hay misterios en la
relación entre arte y cerebro. La neurociencia pretende, sin alterar la esencia
del arte, su belleza, su emoción, su inteligencia, parcelarlo en unidades cada
vez más pequeñas, para conocer como esa belleza, esa emoción y esa inteligencia
se construyen en el cerebro humano: en los circuitos, las células y las
moléculas de la corteza cerebral.
¿Cómo sucede esto? Es lo que trataremos de ver.
Investigaciones
Las investigaciones que correlacionan la actividad neural (corteza
cerebral) con la belleza, utilizando RMF, encontraron que la
corteza prefrontal es crucial para el control de lo que ocurre en la memoria de
trabajo. Y que la corteza prefrontal dorsolateral (CPFDL) estaba activa sólo
cuando el individuo tomaba la decisión de que una obra era bella. También
descubrieron que cuando una obra (pintura, música, escultura) es considerada
bella, hay más actividad en el hemisferio izquierdo. Lo que nos conduce a
la conclusión ya señalada: un cambio en la corteza prefrontal permitió la
explosión artística en el Homo Sapiens.
Asimismo, los científicos encontraron que la corteza cingulada se
activa en la toma de decisiones sobre si algo es bello, neutro o feo. Es
decir, hay una activación que no discrimina.
Asimismo, se ha observado que los objetos simétricos
frente a los que no lo son, aumentan la actividad casi exclusivamente, en las
áreas visuales V3A, V4, V7. La falta de activación en otras áreas corticales
sugiere que la respuesta frente a la simetría es debida en gran parte a códigos
de procesamiento intrínseco del mismo sistema visual; elaborado en el proceso
evolutivo humano.
Estos hallazgos corroboran aspectos clínicos bien conocidos, como los
síndromes prefrontales; entre ellos sobresalen: el síndrome mesiolímbico
(apático, hipocinético, o de la circunvalación cingulada); el síndrome
órbitofrontal (desinhibido, pseudomaniaco u órbitomedial); el síndrome
dorsolateral (disejecutivo, pseudodepresivo o de la convexidad dorsal).
Las funciones ejecutivas son las capacidades que
permiten solucionar problemas nuevos, y además,
predecir las consecuencias a las que se puede llegar con cada una de las
soluciones planteadas.
Se ha demostrado un estrecho vínculo entre el córtex
prefrontal dorsolateral y las funciones ejecutivas.
Otro aspecto más subjetivo, referencial y muy interesante es el descrito
en las demencias frontotemporales (en su vertiente conductual). Curiosamente,
en los inicios de esta enfermedad surgen habilidades artísticas que el paciente
no tenía, tanto en artes plásticas como musicales.
Neuroarte
La nueva disciplina llamada neuroarte busca el conocimiento del arte
desde sus orígenes. Es decir, el conocimiento de los mecanismos cerebrales que
elaboran las percepciones estéticas: emoción, placer y belleza de cualquier
tipo o tendencia.
Muchos estudiosos sostienen que el origen del arte se remonta a unos
40.000 años y que fue un acontecimiento evolutivo fundamental en el desarrollo
creativo del Homo Sapiens. Estos
cambios tuvieron relación directa con alteraciones que ocurrieron en
nuestro cerebro.
La evolución por selección natural de la creación artística ha sido
ventajosa para la cohesión grupal y ha facilitado conductas socialmente
importantes como las ceremonias espirituales (religiosas). También es
fundamental para la supervivencia, puesto que el arte es indicador de
eficacia biológica, lo que contribuye al proceso de selección sexual. Es decir,
el arte está asociado en ambos sexos a una mayor salud genética, física y
mental.
Leyes de la
expresión artística
La expresión artística activa ciertas áreas del cerebro que reconocen y
a la vez trazan una serie de leyes estéticas relacionadas con el agrupamiento,
la simetría, la proporción, en relación directa con la arquitectura y las
matemáticas.
1. El agrupamiento mental permite reunir las cosas del mundo externo
(todo) en un solo conjunto (movimiento, forma, profundidad). Es la capacidad de
síntesis que integra los elementos de la naturaleza en un paisaje diverso pero
que al mismo tiempo tiene identidad. Por ejemplo, el conjunto formado por el
mentón, los labios, la nariz y un determinado juego de luces y sombras produce
la enigmática sonrisa de la
Gioconda.
2. La mente tiende a la simetría. Todas las civilizaciones, desde
las más remotas, han mostrado su adhesión y admiración por la simetría.
La simetría se ha mantenido constante en todos los campos de la creación
artística y hasta en la concepción del mismo humano. El Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci muestra cómo la naturaleza
distribuye las medidas del cuerpo humano: Si separamos las piernas lo
suficiente como para que su altura disminuya 1/14, el espacio entre las piernas
forma un triángulo equilátero. El genial italiano creía que el humano era el
modelo y el centro del universo; de ahí la importancia de conocer con exactitud
sus proporciones.
Si un hombre se pone en decúbito dorsal, con las manos y pies
extendidos, y se coloca la punta de un compás sobre el ombligo, los dedos de
las manos y los pies tocarán la circunferencia del círculo trazado.
Por otra parte, no solo un círculo, sino un cuadrado encierra el cuerpo
humano; si medimos la distancia desde las plantas de los pies hasta la cabeza y
luego aplicamos esta medida a los brazos extendidos, encontraremos que la
anchura será igual a la longitud.
Se ha demostrado la preferencia por la simetría en todas las culturas.
Acabamos de ver que tiene sus raíces en la biología y también está involucrada
en la selección sexual, puesto que refleja una mayor salud genética, física y
mental.
3. La divina proporción o número áureo es uno de los misterios para el
que se busca una respuesta la neurociencia. La divina proporción es una de las
cualidades ocultas del triángulo rectángulo, corresponde a la división de una
línea en dos partes desiguales, donde la menor está en proporción con la mayor,
como esta última con respecto a la figura total.
La sección áurea está presente en infinidad de obras de arte. Pongamos
sólo como ejemplo las sonatas de Mozart, la quinta sinfonía de Beethoven. En la Leda
Atómica , Dalí
compuso el lienzo siguiendo la “divina proporción”. Así, Leda y el cisne ocupan
el centro de un pentágono, dentro del cual se inserta una estrella de cinco
puntas. La punta inferior izquierda corresponde a la pierna derecha de Leda,
mientras que la línea horizontal de las puntas laterales corresponde a la línea
del horizonte donde se juntan el mar y el cielo; la punta vertical corresponde
a la cabeza de Leda. Dalí consideraba que las matemáticas eran necesarias para
calcular una obra de arte.
De igual manera, La Última Cena
de Leonardo da Vinci y la de Dalí siguen la “divina proporción”. Dalí
enmarca la escena en un rectángulo, mientras que la composición general está
dominada por la ventana trasera, que representa un dodecaedro, formado a su vez
por doce pentágonos que guardan relación con la proporción 3,14 (pi), y con
igual número de apóstoles.
En definitiva, la sección áurea es misteriosa porque expresa la
belleza y la simetría de las cosas en el mundo, que se conecta con la
compleja red de circuitos de nuestro cerebro.
4. El esfuerzo del hombre por relacionarse con Dios o con lo
misterioso, lo ha llevado a manipular la arquitectura, espacio en el que operan
conjuntamente el arte y la matemática. En consecuencia, representaría la
expresión más sublime del arte.
¿Cómo trabaja
el cerebro humano en el diseño de edificaciones cada vez más acordes con la
naturaleza humana y su bienestar? ¿Cómo ha funcionado el cerebro humano para
construir la catedral de la
Sagrada Familia en Barcelona? Ha tenido que hacer muchos
números y cálculos, sin duda. El hombre casi alcanza a Dios con el impulso de
un kilo y medio de cerebro.
Platón decía que la armonía y el orden cósmico se reflejaban en
ciertos números y que las relaciones entre estos números contenían “la
inaudible música celestial y hasta la estructura del alma humana”.
Al final, el arte y la ciencia se fundirán en la indivisibilidad del ser
humano como organismo biológico en el que no existen dicotomías.
Bibliografía
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