miércoles, 1 de febrero de 2012

Memoria del Servicio de Neurología y Neurocirugía

Dr. Humberto Molina Abecia


El Servicio de Neurología y Neurocirugía nació en 1956, en el Hospital Obrero 1 de la Caja Nacional de Salud. Como se sabe, este hospital fue por más de medio siglo el corazón de la medicina boliviana, el abanderado de la Caja Nacional de Salud y la cuna de los maestros más connotados del país, los que con vocación y entrega consumieron su existencia sirviendo a los asegurados: un mérito gigantesco que quiero relievar.
En 2004, el Servicio fue trasladado al moderno Hospital Materno Infantil, donde funciona actualmente. Este hecho significó un enorme salto hacia adelante, sobre todo en lo referente a la infraestructura y el confort de los pacientes.
Desde su creación, el Servicio ha cumplido funciones asistenciales, académicas y de investigación. La más relevante, claro, ha sido  servir al paciente con la mayor calidad profesional, en toda circunstancia y al margen de cualquier otra consideración. Paralelamente, se propuso formar expertos en neurología y neurocirugía, los que han construido la escuela neurológica y neuroquirúrgica de la Caja Nacional de Salud.
Anualmente y con la precisión de los ciclos vigilia-sueño, el Servicio realiza desde hace catorce años un curso de: “Semiología y Procedimientos de Diagnóstico”, cuya finalidad es desempolvar los conocimientos básicos, incorporar los  avances actuales y escudriñar las perspectivas futuras, una combinación que se ofrece armoniosamente a los participantes.  
Asimismo, el Servicio edita su propia revista científica, llamada “Neurociencias”, en la cual se publica la mayor parte de los trabajos de investigación realizados en el Servicio y fuera de él.

Aportes científicos
Sólo como ejemplo mencionaré tres aportes científicos importantes del Servicio:

1.  Se creía que la mielopatía por HTLV-1 era privativa de los países tropicales. De ahí el nombre con el que se la conocía: “mielopatía crónica tropical”. Fuimos los primeros en demostrar documentadamente que esto no era cierto. Para ello, reportamos pacientes con mielopatía crónica por HTLV-1 en Bolivia, que estaban distribuidos en todo el territorio: En La Paz, El Alto y fundamentalmente Copacabana, que son regiones situadas en el altiplano, a gran altura, con clima frío y que limitan al noroeste con el Perú. Y en el otro extremo del país, Tarija, una región de menor altura, con clima cálido y húmedo, situada en la frontera con la Argentina; éste fue el lugar de origen de uno de los casos.
Desde ese momento pudimos afirmar que la mielopatía crónica por HTLV-1 no era una enfermedad privativa del trópico.
2. Publicamos una relación de los dos primeros casos en Bolivia de la enfermedad de Nasu Hakola u osteodisplasia lipomenbranosa poliquística con leucoencefalopatía esclerótica. Se trata de una demencia progresiva que se acompaña de quistes óseos. Es hereditaria, autosómica recesiva, y  su defecto genético está localizado en el cromosoma 19q13.1. La mutación genética fue identificada en DAP12. Ha sido descrita en 1960 y posteriormente se han reportado 160 casos en todo el mundo.
Parecería que el DAP12 se expresa tanto en la activación microglial y la diferenciación de macrófagos en el sistema nervioso central y, al mismo tiempo, en los osteoclastos responsables de la remodelación ósea.
Considero que esta enfermedad debería ser una nueva forma clínica de las demencias fronto temporales, ampliando el consenso de Nery.  
3. Señalamos el primer caso de la enfermedad de Kreutzfeld Jacob, que se presentó con una forma clínica esporádica, demencia rápidamente progresiva, mioclonías generalizadas, insomnio pertinaz, severo síndrome neocerebeloso. El diagnóstico fue documentado con biopsia cerebral.


Patología del Servicio
De 1999 a 2008 atendimos a 9.940 pacientes. Las diez  enfermedades que éstos presentaron con más frecuencia fueron:
1. Enfermedad vasculocerebral (incluidas todas sus formas clínicas): 24%.
2.  Traumatismos cráneo-encefálicos: 16%.
3.  Patología de columna lumbosacra (compresiones radiculares, espondilosis, canal lumbar estrecho…): 15%.
4.  Tumores intracraneales (metástasis, astrocitomas, meningiomas, adenomas de hipófisis…): 9%.
5.  Epilepsia (estado epiléptico, crisis rebeldes al tratamiento, cirugía de epilepsia…): 8%.
6.  Infecciones del SNC (bacterianas agudas, crónicas, micóticas, virales y parasitarias…): 6%.
7. Otras (patologías que no correspondían a la especialidad): 5%.
8.  Traumatismos raquimedulares: 3%.
9.  Cefaleas y neuralgias: 2%.
10.  Enfermedades neurodegenerativas (EA, Parkinson, demencia vascular, ELA, esclerosis múltiple…): 2%.

El 29% de los 9.940 pacientes internados se operaron. No hubo diferencias anuales significativas en los porcentajes de prevalencia de las enfermedades.

Escuela neurológica y neuroquirúgica
 En el Servicio funciona la residencia de neurología (cuatro años)  y la  de neurocirugía (cinco años). La residencia tiene declaración de principios, reglamentos y recibe evaluaciones internas permanentes por parte del Comité Regional de Integración Docente Asistencial y de Investigación La Paz. En ella se forman residentes con avanzados conocimientos profesionales, pero fundamentalmente con principios éticos. Gracias a ello, con legítimo orgullo podemos decir que hoy existe una sólida escuela de neurología y neurocirugía de la Caja Nacional de Salud. Una escuela, no sólo por la enseñanza y práctica tutelada que brinda a los residentes, sino porque tiene una filosofía, una doctrina, un sistema, un estilo, unos protocolos que guían el buen hacer de sus miembros.
Nuestra escuela neurológica y neuroquirúrgica está formada por un selecto grupo de neurólogos y neurocirujanos, que ya pasan de las dos docenas, cuya enorme responsabilidad es seguir impulsando el desarrollo de la profesión en el país.
El Servicio no dejará de luchar por la creación, un día no lejano, de un Instituto de Neurología y Neurocirugía: de él, los miembros de la escuela serán el nervio motor.
La nómina de los ex residentes del Servicio son los doctores: Jorge Fernández Gantier, Luís Orozco Merisalde, Jorge Beltran (+), Iván Carrasco (+), Zulema, Marcelo Aramayo, Fernando Terrazas, Isabelita Ortiz, Mónica Molina, Juan Carlos Tórrez, Nielsen Rojas, Fernando Criales, Gustavo Cuadros Menacho, Juan Álvarez, Omar Rodríguez, José Manuel Barrientos.

Jefaturas    
 Los jefes del Servicio de Neurología y Neurocirugía fueron el profesor Dr. Hugo Rodríguez Serrano (1956 a 1987) y, posteriormente, el prestigioso neurocirujano Dr. Gustavo Sánchez Criales (1988 a 1997).
La formación del Dr. Sánchez tiene muchas vertientes, de las cuales dos son las más relevantes: su formación en el Instituto Mexicano de Seguridad Social, con los profesores Humberto Mateos, Daniel González, y Carlos Soliz; y los cursos sobre microneurocirugía en el hospital Kanton de Zurich, en el servicio de Neurocirugía del profesor Yassargil y en la Facultad de Medicina de la Universidad Paul Sabatier de Toulouse, con el profesor Guy Lazorthes.
El Servicio fue dirigido (de 1998 a 2008)  por el Dr. Humberto Molina Abecia, profesor emérito de la Universidad Mayor de San Andrés. Así se cumplió un ciclo de 53 años. Ahora, el Servicio inicia una nueva etapa, que yo llamo de la esperanza, bajo la jefatura del Dr. Víctor Barrios Meave, junto a un brillante grupo  de profesionales que trabajan de forma eficiente y armónica.

Hugo Rodríguez Serrano
Cuando hablamos del profesor Hugo Rodríguez Serrano no sólo nos referimos al docente tradicional, que prepara una clase y transmite conceptos generalmente ya bien establecidos en la bibliografía especializada, sino más bien al maestro que enseñaba con sus gestos y su experiencia. Nos referimos al profesor con capacidad de sintetizar las más polémicas controversias de su tiempo, en las que sin embargo no tomaba posiciones eclécticas. Al contrario, tenía criterios propios con los que va perfilando los rasgos primigenios de lo que más tarde sería la escuela neurológica y neuroquirúrgica boliviana. Fue creador de teorías y prácticas en las que unía a su talento innato su envidiable habilidad manual, como la desplegada en aquel paciente de Tupiza con una fístula carotideo-cavernosa. En esa ocasión, Rodriguez, con maña y creatividad, dejó un clip en la fístula, retirando luego el hilo que sostenía ese clip desde el cuello…
En fin, cuando nos referimos al profesor Rodríguez Serrano estamos hablando del genuino pionero de la neurocirugía boliviana.
También fue doctor en toda la extensión de la palabra, neurocirujano primero, pero también pionero de la neurología en una época que ésta no se había convertido en una rama independiente dentro del país. Nunca necesitó usurpar rótulos que no le correspondían. Por sus poros rezumaba la sabiduría del hombre universal.
La muerte de Hugo Rodríguez Serrano en su madurez más fecunda privó a la neurocirugía boliviana de uno de sus miembros más destacados y singulares. Y, por tanto, ha dejado en el Servicio de Neurología y Neurocirugía que él fundó en 1956 y del que fue su jefe hasta 1984, un vacío muy difícil de llenar.
Fue un trabajador incansable: tenía horario de entrada, pero su salida estaba marcada por la finalización de su faena, en la que se apasionaba, sobre todo si debía trabajar en el quirófano, a veces ocho, diez o más horas. Además, con frecuencia retornaba al hospital en la noche, cuando los bisoños neurocirujanos que se iban incorporando requerían el consejo del maestro.
Tuvo capacidad para interesarse y trabajar en las más diversas patologías del sistema nervioso, en un amplio abanico que va desde los tumores cerebrales hasta los aneurismas intracraneales, pasando por el medio centenar de enfermedades, procedimientos y técnicas de las que fue un maestro y el pionero de nuestro país: Así, por ejemplo, introdujo la microneurocirugía, fue el primero en usar microscopio y material quirúrgico adecuado para las intervenciones de precisión, instrumentos que desde luego eran de su propiedad y que prestaba al hospital, lo que conformaba que las instituciones siempre van por detrás de los avances de la técnica y la ciencia. Fue el primero en realizar embolizaciones en las malformaciones vasculares, en operar adenomas de hipófisis por vía transesfenoidal, en tratar la neuralgia del trigemino por vía posterior u “operación de Janetta”. También introdujo la técnica de Claward para fijar la columna cervical y un largo etcétera. Se podía escribir un libro dedicado a los múltiples aportes que hizo a la neurocirugía.
Bajo la dirección de Rodríguez Serrano, el Servicio de Neurología y Neurocirugía se manejó bajo un estilo monárquico, como era usual en ese tiempo. Igual cosa ocurría en Urología con el profesor Néstor Orihuela, en Pediatría con el profesor Luís Hurtado Gómez, en Cardiología con el profesor Guillermo Calderón, y en otros servicios. En ellos los jefes eran los que más sabían, los que más hacían y los únicos que decidían. Todos ellos, además, fueron formidables eslabones que servían de nexo entre los grandes médicos de centros mundialmente famosos y nuestra realidad. El prestigio del servicio y de su jefe se extendía a todo el país, y en algunos casos internacionalmente.
La formación neuroquirúrgica de Rodríguez Serrano se inicia en 1950 y solo termina con su muerte. Tiene tres vertientes fundamentales, que abarcan diez años. Éstas fueron su paso por el Instituto  de Neurocirugía e Investigaciones Cerebrales de Santiago de Chile, donde estuvo bajo la tutela de otro monstruo de la neurocirugía, el Dr. Alfonso Asenjo. En segundo y tercer lugar, sus estudios en el Departamento de Neurología y Neurocirugía de la Escuela Paulista de Medicina en el Brasil con Mattos Pimenta, y en el Johns Hopkins en Estados Unidos, con Earl Walker.
 Durante los treinta años posteriores a su formación básica, viajó con desesperación en busca de los secretos más íntimos de las ciencias neurológicas, haciendo cursos de actualización en Suecia, Francia, Canadá, varios en Estados Unidos, México y nuevamente en Chile. Además, fue asistente regular y, en algunas ocasiones, expositor en los cursos de la Sociedad Americana de Neurocirujanos.
Fue miembro titular de 12 sociedades científicas extranjeras y cinco nacionales, entre las que destacan la Federación Mundial de Neurocirugía y la Asociación Americana de Neurocirugía Harvey Cushing.
Rodríguez Serrano nació en Potosí en 1925, tierra con la que estuvo entrañablemente vinculado y por la que sentía un orgullo especial. Conversaba con entusiasmo del Valle de Turuchipa, de donde procedía su familia, y entretenía a sus colegas y alumnos con muchas anécdotas de la niñez y juventud. La primaria la hizo en la Escuela Alonzo de Ibañez, la secundaria en el emblemático Colegio Pichincha de Potosí, donde fue abanderado; los estudios superiores en la Universidad Mayor de San Andrés, de la que años después sería profesor, en la cátedra de Neurología.
Sus charlas y reflexiones giraban alrededor de su especialidad y del fútbol, pues fue bolivarista de corazón. Era agradable escucharlo contando pasajes de la vida de Sixto Obrador, Walter Dandy, Egaz Moniz, Harvey Cushing, Yasargil, etc. También era amigo de lo más granado de la neurocirugía latinoamericana: Esteban Rocadel Perú, Román Arana Iñiguez del Uruguay, Manuel Velasco Suarez de México.
Durante una década fue delegado de Potosí al Colegio Médico de Bolivia, en donde siempre defendió los intereses de sus colegas y paisanos.
Fue admirador, médico personal y leal amigo de Víctor Paz Estensoro.  
Incursionó tangencialmente en política y en 1985 llegó a ser Ministro de Salud; no se sabe si renunció al cargo o qué fue lo que ocurrió; cuentan que en trascendentales reuniones de gabinete sonaba permanentemente su buscapersonas y se veía obligado a hablar con sus pacientes, interrumpiendo las sesudas intervenciones de los ministros. Es que el Dr. Rodríguez Serrano era ante todo, y sobre todo, un médico, y nada ni nadie podían desviarlo de ese camino.
Tuvo seis hijos, ahora dispersos por el mundo, ninguno de los cuales siguió la medicina, seguramente atemorizados por el trabajo descomunal de su padre. Como consuelo, formó el primer neurocirujano que hizo residencia completa en el Hospital Obrero y en el país, al que le brindó sus conocimientos, su casa y su biblioteca particular: hablo de Alfredo Wieler, cuya trayectoria fue digna de su maestro.
 Obligado por la enfermedad, al final de su vida trasladó su residencia a Santa Cruz, y allí siguió atendiendo pacientes hasta el final. Murió en 1993, sus restos fueron sepultados en el cementerio Jardín de La Paz. 
Si tuviera que resumir en una frase de la vida de don Hugo, diría que: “vivió y murió amando la neurocirugía”.

2 comentarios:

  1. Si mi padre era un gran maestro de la neurocirugía en Bolivia , quisiera compartir que el día de su muerte mi madre conjuntamente con mi señor padre fueron a ver a uno de sus pacientes a una clínica local de Santa Cruz, momento en el cuál sintió ese dolor que fué la causa de su fallecimiento. Es decir que mi padre murió al pie del cañon visitando y atendiendo a sus pacientes, es más en su cama donde fué atendido después de ese dolor en el pecho ( enfisema pulmonar) sus médicos que lo trataban aún le seguían preguntando y le pedían que interprete alguna tomografía o les explique algo QEPD QUERIDO PAPA HUGO !!!!

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    1. Le agradecería favor me contacte al correo electrónico carrascoem@aol.com estoy redactando un artículo sobre historia de la neurocirugia boliviana y necesito datos sobre el Dr Rodríguez Serrano. Gracias

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